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Vocación internacional orientada a la calidad

Cultura del aceite

Hay pocos productos en la historia que estén tan ligados al ser humano y a su desarrollo cultural como el aceite de oliva. Desde el origen del olivo en la era terciaria y el inicio de su cultivo hace seis mil años en Asia Menor, el zumo de la aceituna ha sido un compañero infatigable en la evolución del hombre.

El olivo silvestre o acebuche, crecía de forma espontánea en la cuenca del mediterráneo oriental. Y protagoniza la historia humana desde la más remota antigüedad, es mencionado en los textos bíblicos con frecuencia y hay documentos que atestiguan un pedido de 30.000 litros de aceite que hace Egipto a Canaán en el siglo XV a.C.

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El aceite de oliva “competía” con otros aceites de origen vegetal como podían ser los aceites de sésamo y cártamo.Todos ellos se empleaban como ungüentos medicinales, en la cocina, en el culto religioso, así como en iluminación.
Las primeras representaciones del olivo en el arte minoico nos sugieren que este árbol se cultivaba en Creta en el 2.500 a. A. las puertas del palacio de Cnossos se ve representado en relieve un toro embistiendo ante el árbol sagrado del olivo cuyas están en tres colores; la cara superior en verde, la inferior en verde pálido y las hojas secas en rojo. Como anécdota decir que el legislador Solom, empieza a describir leyes por primera vez en favor de la protección de los olivos, una de ellas prohibía cualquier tipo de exportación procedente de la Ática con excepción del aceite de oliva, lo que favorecía su comercio.

En España se introduce el cultivo del olivo, mediante los Fenicios en el año 1.100 a.C. y posteriormente fue creciendo su cultivo a través de las relaciones económicas con Grecia. Pero no fue hasta el año 206 a.C. cuando tras la ocupación romana de Hispania, la producción olivarera adquiere importancia.
Para Plinio el Viejo, el aceite de la bética, en el fértil triángulo de tierra comprendido entre Corduba, Astigi e Hipalis era uno de los mejores del imperio comparable al de Venafro, en la región italiana de Campania.

Durante la Edad Media los pueblos europeos del norte incluían en su dieta habitual de grasas a la mantequilla y desconocían, o evitaban el aceite de oliva, por ser un producto caro al que desdeñaban por ser costumbre del invasor y ya “decadente” Imperio Romano.
El uso que se hacía del aceite de oliva durante la edad media se circunscribía a usos culinarios aunque también se empleaba en la iluminación de casas, elaboración de jabones y textiles. Para estas aplicaciones, el aceite de oliva era muy útil y muy difícil de reemplazar. Los usos medicinales en diferentes bálsamos y medicinas queda reflejado en la literatura médica de la época. Autores como Averroes y Maimonides dedican espacios en sus obras médicas para alabar el consumo del aceite de oliva en la preparación de ciertos platos como puede ser el pescado, los huevos fritos.

Durante el segundo viaje de Colón se llevaron especies botánicas entre las que destacaban el trigo, la viña y el olivo. Aunque éstos no encontraron en las antillas su hábitat adecuado para desarrollarse. No fue hasta el siglo XVIII, cuando Fray Junípero Serra arribó a la bahía de San Diego en California, y empezó a cultivar y consolidar las plantaciones de olivo en el Nuevo Mundo.

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A lo largo del siglo XVIII se produjo una nueva fase de expansión en el comercio del aceite de oliva debido al crecimiento de la población. El estimulo del consumo y la demanda interior colisionaron con los intereses económicos de los exportadores. Para atajar el alza creciente de los precios internos hubo que diseñar una política de ajuste y moderación para tenerlos controlados, como nos describe en su informe de 1774 Gaspar Melchor de Jovellanos.

Ya con los nuevos avances técnicos e industriales, el panorama del mercado mediterráneo del aceite de oliva en el siglo XIX ofrece una triple dimensión. Se trata en gran parte de un mercado interno de compensaciones regionales, siendo la grasa alimenticia más utilizada. Por otro lado provee de materias primas a ciertas industrias mediterráneas, especialmente las fábricas de jabones, y finalmente, adquiere una gran importancia en el comercio internacional entre países productores y consumidores.

Hoy, el aceite de oliva es un patrimonio único por todos los valores anteriormente descritos y por su liderazgo omnipresente en la dieta mediterránea. Es una gran industria cuyo mercado está liderado por España e Italia, cuyos usos y beneficios no dejan de crecer con el paso del tiempo.